Reflexión

Cómo internet puede pasar de ser nuestro mayor aliado a nuestro peor enemigo

Cómo internet puede pasar de ser nuestro mayor aliado a nuestro peor enemigo

Cómo internet puede pasar de ser nuestro mayor aliado a nuestro peor enemigo

La autora nos ilustra sobre los posibles perjuicios de las redes sociales para las juventudes del siglo XXI y ahonda en el fenómeno del “efecto de desinhibición en línea”.

La autora nos ilustra sobre los posibles perjuicios de las redes sociales para las juventudes del siglo XXI y ahonda en el fenómeno del “efecto de desinhibición en línea”.

La autora nos ilustra sobre los posibles perjuicios de las redes sociales para las juventudes del siglo XXI y ahonda en el fenómeno del “efecto de desinhibición en línea”.

Nov 13, 2023

Nov 13, 2023

Nuestra sociedad vive en un mundo donde la tecnología se ha convertido en un pilar fundamental para muchas personas. Estamos viviendo en un ambiente volátil, incierto, complejo y ambiguo. Nadie es capaz de predecir lo que puede ocurrir en los próximos dos años. Esta es la causa por la cual nuestra sociedad ha tenido que aprender a adaptarse a muchas de las situaciones que le ha tocado vivir.

Si nos hubieran contado todo lo que ha ocurrido en los últimos cien años, no nos habríamos creído ni la mitad. Han sido muchos cambios, de los cuales el más destacado, en mi opinión, fue la creación de Internet. Esto significó la posterior aparición de las redes sociales.

La generación Z (personas nacidas entre el año 2000 y el 2010) y, en especial, la Alpha (nacidas de 2010 en adelante), han sido las generaciones que nacieron y crecieron en un entorno digital. El desarrollo en este ambiente ha generado dependencia a las pantallas y al uso excesivo del teléfono móvil.

El psicólogo John Suler, después de varias investigaciones, descubrió que muchas personas dicen y hacen cosas en el entorno digital que no harían si se encontrasen verdaderamente en la vida real. Estas personas experimentan sensaciones de mucha más libertad y pueden expresarse de una manera abierta. Esto es a lo que se le llama el “efecto de desinhibición en línea”.

Las razones por las que prefieren realizar esto, son las siguientes. En primer lugar, la anonimidad. La creación de una cuenta con identidad falsa provoca que el individuo se sienta más desconectado de su vida real y que actúe sin pensar verdaderamente en las consecuencias que existen.

En segundo lugar, el retardo, es decir, las conversaciones no ocurren en tiempo real la espera entre la realización de la conducta y la obtención de la respuesta es larga. Esta espera que existe cuando el usuario escribe y el otro usuario contesta, afecta a la manera en la que las personas interactúan y muestran sus pensamientos o emociones.

En tercer lugar, la invisibilidad. Al final, encontrarse detrás de una pantalla, provoca una falta de visualización de la comunicación no verbal. Las personas somos seres sociales que comunicamos a través de las palabras, pero, sobre todo, del lenguaje corporal. Según las investigaciones del antropólogo Albert Mehrabian, las palabras solo constituyen el 7% de la comunicación, mientras, que el lenguaje no verbal y el paralenguaje, componen el 93%, razón por la cual, a través de la pantalla, perdemos la información de cómo la persona se está sintiendo.

En cuarto y último lugar, la imaginación disociativa, es decir, la creación de una doble identidad. Os preguntaréis, ¿cómo es esto posible? Pues con la elaboración de un perfil falso y la separación de lo que en realidad esa persona siente que es en la vida real. Nos encontramos con una persona, la cual, en el mundo digital, tiene una personalidad, y, en la vida real, otra, que es completamente distinta.

Pero para crear un perfil y pensar que tienes una doble identidad hay que pasar muchas horas con el teléfono. En España, ¿cuál es la media diaria de uso del móvil? Según la jefa de Sociedad, Nuevas Tecnologías y Casa Real en COPE, llamada Carmen Labayen, la media en adultos es de 3 horas y 40 minutos, mientras que, en los jóvenes, se sobrepasan con creces las 4 horas. Mínimo la mitad del tiempo es utilizada en las redes sociales, hecho que les diferencia del resto de la población.

Las redes sociales son una herramienta recomendada si se saben utilizar bien. Muchas marcas, gracias a la publicidad que les da Instagram o TikTok, consiguen obtener mayor visibilidad. Esto es extraordinario, ya que se aprovecha el inmenso número de usuarios que navegan por las redes para dar a conocer productos que puedan resultar beneficiosos para un amplio público.

El problema viene cuando las redes ocupan una gran parte de la vida de la persona y le condiciona hasta tal punto de no tener tiempo ni para cumplir sus obligaciones. Muchos jóvenes sufren de esto. Cuantas veces hemos escuchado: “es que me meto un segundo en TikTok y, cuando vuelvo a mirar el reloj, sin darme cuenta, han pasado ya dos horas”. Esta es la realidad de muchos jóvenes hoy en día.

Hace unos meses, escuché el podcast de Marian Rojas, cuyo título es “El Efecto de TikTok en nuestro cerebro”, donde explicaba a la perfección como afecta esta red social en nuestro cerebro. Esta aplicación utiliza un algoritmo que, mediante la recogida de datos de los vídeos anteriormente vistos por el usuario, la red social es capaz de personalizarte los siguientes. Además, también participa el factor sorpresa. Por lo tanto, pasar tiempo en esta red, además de entretenerte, te genera dopamina. La dopamina es un neurotransmisor asociado a la recompensa y al placer. Y, ¿qué ocurre cuando estás viendo contenido que te genera interés y divierte? Que el cerebro libera dopamina, haciendo a la persona sentirse bien. Esto puede crear una sensación de satisfacción y recompensa, lo que a su vez puede fomentar el uso continuo de la aplicación.

Para concluir, me gustaría enfatizar que las redes sociales son herramientas útiles cuando se utilizan de una manera adecuada. Sin embargo, debido a la adicción de su contenido, es importante que los usuarios sean conscientes de su uso e implicaciones y tomen medidas, si es necesario.


Marta Urrutia Martínez

Marta Urrutia Martínez